Si tenemos Windows y Linux en el mismo ordenador, podemos abrir muchos de los archivos de Windows desde el gestor de archivos de Linux. Si Windows está en otro ordenador, el camino cambia: necesitaremos que comparta una carpeta por la red. Son dos situaciones distintas y conviene separarlas antes de instalar programas o copiar comandos de montaje.
Aquí veremos ambas, empezando por la más habitual: buscar un documento de la partición Windows mientras estamos usando Linux. Antes de modificar o borrar nada, comprobamos que se trata de la unidad correcta y que no está protegida por hibernación o cifrado.
Si Windows y Linux están en el mismo ordenador
Abrimos el gestor de archivos, por ejemplo Nemo en Linux Mint o Archivos en Ubuntu. En la barra lateral suele aparecer el disco o volumen de Windows entre las unidades disponibles. Su nombre puede ser «Windows», una etiqueta que le dimos nosotros o simplemente su capacidad. Si tenemos varios discos parecidos, no escogería uno sólo por el tamaño.
Podemos abrir la terminal y consultar qué sistemas de archivos y etiquetas detecta Linux:
lsblk -f
Esta orden sólo muestra información; no monta ni cambia particiones. Nos ayuda a identificar una unidad NTFS, pero si hay varias debemos contrastar también la etiqueta y lo que muestra el gestor de archivos. Al abrir la unidad desde la barra lateral, Linux intentará montarla y podremos explorar su contenido. Las carpetas personales suelen estar bajo Users/nombre-de-usuario; buscamos allí Documentos, Descargas o Imágenes según la configuración de Windows.

Podemos copiar un archivo desde Windows a nuestra carpeta personal de Linux. Si vamos a editar el mismo documento desde ambos sistemas, conviene mantener una copia de seguridad y comprobar dónde quedó la versión más reciente; acceder al disco no sincroniza automáticamente los cambios.
Cuando la partición se abre sólo en lectura
Si podemos ver los archivos pero no guardar cambios en la unidad, no intentaría arreglarlo con permisos 777 ni con una orden que fuerce la escritura. Una causa posible es que Windows se haya hibernado o haya usado Inicio rápido. Microsoft explica que ese modo conserva parte del estado al «apagar» el equipo; y el controlador NTFS-3G puede montar la partición sólo en lectura para no modificar un volumen que Windows espera recuperar después. También puede haber otras causas: errores del sistema de archivos, permisos o cifrado.
Si todavía podemos entrar en Windows, guardamos el trabajo abierto, elegimos Reiniciar desde Windows y, en el menú de arranque, volvemos a Linux. Un reinicio de Windows realiza un arranque completo, a diferencia del apagado híbrido. Comprobamos entonces si la partición se abre con normalidad. Si sigue sin hacerlo, leemos el mensaje concreto del gestor de archivos y revisamos el estado desde Windows antes de escribir en el volumen.
No usaría remove_hiberfile, ntfsfix ni una opción de montaje forzado como primera respuesta: pueden descartar el estado que Windows tenía pendiente o tapar un problema diferente. Si la unidad está cifrada con BitLocker, este procedimiento tampoco la desbloquea; necesitaremos el método y la clave de recuperación correspondientes. Para rescatar documentos, puede bastar con copiarlos desde una lectura segura a otro disco, sin intentar modificar la partición original.
Si Windows está en otro ordenador de la red
Aquí no buscamos una partición NTFS en nuestro Linux. Primero compartimos en Windows la carpeta concreta a la que queremos acceder y damos permiso a la cuenta que usaremos. Conviene hacerlo sólo en una red de confianza y no compartir todo el disco para recuperar un par de archivos.
En Linux abrimos el gestor de archivos y entramos en Otras ubicaciones → Conectar con el servidor, o utilizamos la barra de ubicación. Escribimos una dirección como esta, sustituyendo el nombre y la carpeta por los reales:
smb://NOMBRE-DEL-PC/CarpetaCompartida
También podemos usar la dirección local del equipo, por ejemplo smb://192.168.1.25/CarpetaCompartida, si el nombre no se resuelve. El gestor nos pedirá las credenciales de Windows cuando hagan falta. No pongamos la contraseña dentro de la dirección smb://: la introducimos en el diálogo correspondiente.
Este método está documentado para el gestor de archivos de GNOME y suele estar disponible en los gestores que soportan ubicaciones de red. No necesitamos instalar el servidor Samba en Linux para abrir una carpeta que ya comparte Windows. El antiguo comando de montaje de este artículo mezclaba cliente y servidor y pedía escribir en /media sin preparar permisos; por eso es mejor empezar desde el gestor gráfico.
Si la carpeta no abre, confirmamos que el ordenador Windows está encendido, que hemos escrito el nombre del recurso compartido y no una ruta cualquiera de su disco, y que nuestra cuenta tiene permiso para entrar. Si la red de invitados aísla los equipos o el cortafuegos de Windows bloquea el uso compartido, Linux no podrá descubrirlos. No hace falta desactivar el cortafuegos para probar: revisamos las reglas de compartir archivos en una red privada de confianza.
Para un envío aislado quizá ni siquiera necesitamos montar una carpeta: LocalSend permite elegir y mandar los archivos en ese momento. Si trabajamos a diario con la misma carpeta, un recurso compartido o una sincronización dedicada tiene más sentido.
¿En tu caso Windows está instalado en el mismo ordenador o en otro equipo? Esa primera diferencia suele ahorrar la mitad de las pruebas innecesarias.

No me da la opción de copiar archivos, está en gris (desmarcada)
Hola, puede ser que no tengas permiso para copiar los contenidos. Has probado con sudo nemo (Linux Mint) o sudo nautilus (Ubuntu) y volver a acceder a la ubicación?
Un saludo.