No necesitamos el mismo programa para poner una película con subtítulos que para ordenar toda la música del ordenador. En Linux hay varias opciones conocidas, pero elegir por una lista de funciones no siempre ayuda. Vamos a ver cuándo merece la pena usar cada una y cómo instalarla sin llenar el sistema de reproductores que luego no abriremos.
VLC para abrir un vídeo sin complicarnos
Si nos pasan un archivo de vídeo y sólo queremos verlo, VLC suele ser la primera opción. Abre muchos formatos habituales, permite cambiar de pista de audio y cargar subtítulos desde el menú Subtítulo. También sirve para discos y emisiones de red, aunque algunas funciones dependen de los códecs y de cómo venga preparado el archivo.

Para comprobar si el problema es del reproductor o del archivo, podemos abrir otro vídeo que sepamos que funciona. Si sólo falla uno, antes de instalar códecs al azar conviene mirar si tiene varias pistas de audio o unos subtítulos que VLC no ha seleccionado automáticamente.
mpv si preferimos una ventana sencilla y el teclado
mpv abre vídeos, audio y subtítulos, pero deja muy pocos botones a la vista. No es que le falten opciones: muchas se manejan con el teclado. Podemos abrir un archivo desde el gestor de archivos o pasarle su ruta desde la terminal:
mpv "Mi vídeo.mkv"
Las comillas permiten usar nombres con espacios. Durante la reproducción, j cambia entre pistas de subtítulos, v los muestra u oculta y q cierra el programa. Si solemos ajustar la reproducción o lanzar archivos desde scripts, mpv da bastante juego. Si preferimos menús para todo, VLC o SMPlayer serán más cómodos.
SMPlayer para vídeos con más controles a mano
SMPlayer es otra opción para vídeo, con una interfaz más visible que la de mpv. Recuerda el punto donde dejamos cada archivo y ajustes como la pista de audio o los subtítulos. También puede buscar subtítulos y ajustar su retraso cuando no van sincronizados. Su web indica que puede usar MPlayer o mpv como motor; no necesitamos instalar los dos reproductores por separado para entender cuál nos gusta más.
Puede venirnos mejor que VLC si retomamos a menudo capítulos o películas a medias. No hace falta cambiar de programa si VLC ya cubre lo que necesitamos: la diferencia práctica está en cómo queremos manejarlo.
Kodi para organizar una colección y verla desde el sofá
Kodi no está pensado sólo para hacer doble clic en un vídeo. Su interfaz funciona bien con una pantalla grande y permite añadir carpetas de películas, series o música para tener una biblioteca navegable. Puede acceder a archivos de la red, pero no convierte por sí solo nuestro ordenador en un servidor para todos los dispositivos: eso sería otra configuración.

Si sólo vemos una pantalla vacía, primero hay que añadir una carpeta de vídeos o música como fuente. Kodi tiene sentido cuando queremos recorrer una colección desde el televisor; para abrir de vez en cuando un archivo suelto, VLC suele requerir menos preparación.
Audacious si lo nuestro es escuchar música
Audacious se centra en el audio. Podemos abrir carpetas y listas de reproducción, dejarlo sonando mientras trabajamos y ajustar el sonido con su ecualizador. Es una elección más directa que Kodi para escuchar archivos locales sin montar una biblioteca de películas. Para vídeo, mejor cualquiera de los anteriores.
Instalar el que vayamos a usar
En Ubuntu, Linux Mint o Debian, podemos instalar estos programas desde los repositorios. Por ejemplo, para VLC:
sudo apt update
sudo apt install vlc
Si preferimos otro, sustituimos vlc por mpv, smplayer, kodi o audacious. La versión disponible depende de nuestra distribución. Si el paquete no aparece, revisamos primero los repositorios configurados y buscamos la página oficial del proyecto; no hace falta añadir un PPA desconocido para probar un reproductor.
Mi consejo es empezar por VLC para vídeo o Audacious para música y cambiar sólo si echamos en falta algo concreto. Si tienes otra combinación que te funciona mejor en Linux, cuéntanos cuál usas y para qué.
